Mascarillas y sus beneficios para el cutis del rostro


El cutis en la zona del rostro es la parte más expuesta a la contaminación medioambiental, los agentes atmosféricos y a los daños solares. Los cuidados habituales como limpieza y uso de cremas adecuadas pueden no ser suficientes para mantener y prolongar un buen estado de la piel y conseguir que luzca ideal. Las mascarillas suponen un tratamiento de belleza extra y tratan el cutis no solo a nivel superficial, sino en profundidad con un efecto inmediato, eficaces tanto para hombres como mujeres y se pueden aplicar en cualquier momento o edad, siempre que elijas aquella que sea adecuada a tu tipo de piel.


Si tienes el cutis normal te irá bien casi cualquier mascarilla, elegir una solo será cuestión de saber que necesidad tenemos.

El cutis mixto o graso puede necesitar más mascarillas limpiadoras o purificantes ( 2  veces por semana).

El cutis seco o sensible puede necesitar más mascarillas hidratantes  y con un efecto lifting. En este caso deben usarse solo una vez por semana, además si es sensible no se deben aplicar mas de dos veces al mes.

Como término medio deben usarse entre cinco como mínimo y treinta minutos como máximo y por todo el rostro evitando el área del contorno de ojos para el cual hay mascarillas especiales.

Antes de aplicarse cualquier tipo de mascarilla es fundamental que la piel esté perfectamente limpia con los productos habituales; jabón o leche limpiadora y tónico facial, incluso con un baño de vapor que abra los poros, y si se desea exfoliarla para eliminar la capa de células muertas  lo que facilitará aun más que los principios activos de la mascarilla penetren en la piel. Existen tantos tipos de mascarillas como necesidades en la piel y basicamente según su función se pueden clasificar en:

-Limpiadoras: limpian las impurezas en profundidad y cierran los poros, eficaces sobre todo en zonas grasas de el cutis sin producir deshidratación. Son ricas en ingredientes desincrustantes.

-Exfoliantes: se aplican con el fin de retirar células muertas y renovar la piel.

-Humectantes: ayudan a retener la humedad en la piel. Disminuyen las arrugas y suavizan la piel, restituyendo el manto hidrolipídico gracias a que son ricas en principios activos hidratantes.

-Purificantes: eliminan toxinas, normalizan y reequilibran el cutis ya que regulan las glándulas sebáceas y estimulan la circulación.

-De tratamiento específico: son mascarillas que pueden ayudar en algún problema o necesidad concreta de la piel. Por ejemplo antiarrugas, reafirmantes, nutritivas, astringentes ( para piel grasa), despigmentantes etc.


Las mascarillas caseras pueden ser una buena opción si se quiere huir de las comerciales con ingredientes químicos, conservantes, colorantes y perfumes añadidos que desde luego tienen una probada eficacia. Las naturales como contrapartida pueden resultar más incómodas de preparar y necesitar por ello más tiempo hasta que las aplicas, además de resultar más complicado acertar con la mascarilla ideal. Tanto unas como otras presentan distintas texturas, cremosas que tienen un elevado poder humectante, plásticas con cuya superficie retiran de una sola vez las células muertas y en polvo que son capaces de suavizar y retirar el exceso de grasa.